“La masa no oprime desde fuera: la masa somos nosotros mismos.”
— Cienfuegos, 2021.
¿De verdad piensas por ti mismo o solo repites lo que la multitud ya decidió por ti? Freud habría sonreído ante esa pregunta con su célebre ironía, porque para él no existe un “yo” puro, aislado, que piense o actúe al margen de los otros. En Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Sigmund Freud revela que la identidad individual no es más que un nudo enredado dentro del tejido social: la masa vive en nosotros tanto como nosotros en ella.

¿De verdad piensas por ti mismo?
Su tesis es radical —y todavía incómoda—: el sujeto se constituye por las mismas fuerzas inconscientes que lo atan a los demás, impulsos de amor, deseo y obediencia hacia figuras de autoridad. “La oposición entre psicología individual y psicología social… pierde gran parte de su significación en cuanto la sometemos a un examen más detenido” (Freud, 2012, p. 56). Dicho de otro modo, no hay yo sin los otros; no hay libertad sin la sombra del rebaño.
El descubrimiento del “yo social”
Freud comienza desmontando una ilusión moderna: la de que existe una separación entre psicología individual y psicología colectiva. Escribe:
“La oposición entre psicología individual y psicología social o colectiva […] pierde gran parte de su significación en cuanto la sometemos a un examen más detenido” (Freud, 1921, p. 29).
Esto significa que no hay un “yo” sin “nosotros”. Todo sujeto se constituye a partir de las identificaciones, deseos y prohibiciones que le vienen de fuera. Como explica Sadrinas (2016), Freud rechaza cualquier “reduccionismo individualista”: individuo y sociedad se construyen juntos, “correlativos y construidos en el campo de lo social”. La masa, entonces, no es simplemente una multitud: es un fenómeno psíquico. Freud no estudia cuántas personas hay en una plaza, sino qué tipo de energía libidinal las une. Esa energía es la libido, que no se limita al deseo sexual, sino que es el vínculo afectivo que sostiene toda forma de lazo social. El amor —y su reverso, la agresión— son los cimientos de cualquier comunidad humana.
De Le Bon a Freud: el alma colectiva y la libido
Freud dialoga con el sociólogo Gustave Le Bon, quien había hablado del “alma colectiva” de las masas: esa fuerza que hace que los individuos actúen como si fueran uno solo. Pero Freud va más allá: no se trata de magia social ni de simple contagio emocional. Lo que une a la masa es una identificación libidinal. Cada individuo se somete al líder y a los demás miembros por una misma cadena de amor y deseo (Freud, 1921, pp. 52–55).
En palabras de Jaimes Cienfuegos (2021), Freud demuestra que el yo se forma en contacto con los aspectos sociales del individuo en formación, de modo que “la relación de masas es una simbiosis que permite retroalimentar, fortalecer y desarrollar círculos sociales enteros” (p. 11).
El superyó y la obediencia interior
Pero si el amor cohesiona, también somete. Lo que Freud descubre es que las masas no solo obedecen a un líder externo, sino que internalizan esa autoridad. El “yo” queda dividido entre el deseo y la culpa, vigilado por un superyó que funciona “como una guarnición militar en la ciudad conquistada” (Freud, 1930/2013, p. 3053)
Esa vigilancia interior —lo que María Jesús Izquierdo llama “una policía interior de suma eficacia” (1996, p. 195)— mantiene el orden social, pero también impide nuestra liberación. Vivimos bajo una autoridad que ya no necesita imponerse desde fuera porque habita en nosotros mismos.
Amor, identificación y control
Freud señala que las masas más sólidas —como la Iglesia o el ejército— se sostienen sobre vínculos libidinales: el amor hacia el líder y hacia los compañeros. Pero esos lazos no son inocentes: “Basta la pérdida del lazo afectivo con el jefe para que cunda el pánico” (Freud, 1921, p. 69)
De este modo, el amor se convierte en una forma refinada de dominación. Nos sometemos voluntariamente a lo que amamos. El yo se diluye en la masa por deseo, no por obligación. Lo inquietante es que esta estructura —la del amor y la obediencia— no se limita a las instituciones tradicionales: hoy se reproduce en redes sociales, movimientos políticos, fandoms y comunidades digitales. Como resume Jaimes Cienfuegos (2021), la masa no oprime desde fuera: la masa somos nosotros mismos; y el poder que ejerce sobre nosotros es, paradójicamente, “un poder que también entregamos” (p. 2)
““El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor […] sino un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad”
Más de un siglo después, el texto de Freud sigue siendo una herramienta poderosa para comprender el presente. En un mundo de masas hiperconectadas, donde el yo se construye a través del reconocimiento virtual y la pertenencia simbólica, Psicología de las masas y análisis del yo nos advierte que el deseo de comunidad puede ser también deseo de sumisión.
El lazo social, nos dice Freud, no se sostiene en la razón sino en la pulsión, en esa mezcla de amor, agresión, culpa y deseo que nos ata al otro. Somos seres gregarios no por elección, sino por estructura.
Si este texto te dejó pensando —o inquieto—, es apenas la superficie. Freud no solo nos enseñó a mirar hacia dentro, sino a descubrir que lo más íntimo también es lo más social. Comprender al yo, a las masas y al deseo es comprender el modo en que vivimos, obedecemos y amamos.
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Referencias
Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras completas (Vol. XVIII). Alianza Editorial, 2013.
Freud, S. (1930/2013). El malestar en la cultura. Alianza Editorial.
Sadrinas, D. (2016). Una lectura de Psicología de las masas y análisis del Yo de Sigmund Freud como aporte al debate sobre el concepto de masa. IX Jornadas de Sociología, UNLP.
Jaimes Cienfuegos, J. (2021). La consolidación de las masas, ideología y ética en Freud. Religación. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 6(29), e210812Dialnet.
Izquierdo, M. J. (1996). El vínculo social: una lectura sociológica de Freud. Universitat Autònoma de Barcelona.
Cabanillas, M. & Zapata, J. (2017). El origen de la represión y su impacto en la estructuración del aparato psíquico. Anuario de Investigaciones, 3(1), 89–101.
