“Nos hemos convertido en una herramienta del ‘smartphone’: nos usa a nosotros, y no al revés.” — Byung-Chul Han.
¿Y si la promesa contemporánea de libertad fuera, en realidad, el mecanismo más eficaz de control? Esa es la provocación central del discurso que Byung-Chul Han pronunció al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. A partir de ese texto, esta lectura propone una guía clara —y crítica— para entender por qué “sentirnos libres” no basta, cómo la autoexplotación se disfraza de autonomía y qué virtudes mínimas exige la democracia para no vaciarse por dentro.

1) La tesis incómoda: un “régimen que explota la libertad”
Han formula su idea con una contundencia difícil de esquivar: ya no vivimos en una sociedad disciplinaria de prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento que convierte la libertad en coacción sutil. En ese marco, uno “se explota a sí mismo” con entusiasmo… hasta colapsar: el burnout no sería un accidente, sino el final lógico de una libertad mal entendida, convertida en exigencia infinita de optimización.
Este desplazamiento tiene efectos políticos y anímicos. Si “yo me impongo” cada tarea, el antiguo antagonista se diluye; ya no hay “otro” contra el que rebelarse. El resultado: un cansancio sin adversario, una fatiga que no moviliza sino que aísla. La productividad total se revela como coerción interiorizada.
2) ¿Quién usa a quién? Tecnologías, IA y el nuevo servilismo
Han no demoniza la técnica: el smartphone podría ser una herramienta utilísima. El problema es otro: nos hemos convertido en la herramienta del smartphone. No es que lo produzcamos: “él nos usa a nosotros”. Esta inversión de agencia describe una captura de la atención y del tiempo que va minando el juicio, el vínculo y la deliberación.
A ello se suma la inteligencia artificial como poder de predicción y manipulación: sin control político ni marco ético, la técnica “puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar”. Para Han, regular soberanamente el desarrollo tecnológico no es tecnofobia: es el mínimo de una política que quiera seguir llamándose democracia.
3) Tocqueville reloaded: virtudes cívicas o democracia vacía
Otro eje del discurso pasa por las “moeurs”: moral y virtudes ciudadanas —civismo, responsabilidad, confianza, amistad y respeto— como condición de posibilidad de la democracia. Cuando faltan, advierte, las elecciones se vuelven rituales sin contenido y los parlamentos, escenarios de autopromoción. El diagnóstico no es moralista sino institucional: sin hábitos cívicos, la forma democrática se vacía.
Esta erosión coincide con otro fenómeno: la ampliación de la brecha social y los miedos de una clase media en descenso, terreno fértil para autócratas y populismos. No es solo un problema de narrativas, sino de sufrimiento social real canalizado por discursos simplificadores.
4) “Todo disponible, nada vinculante”: el almacén infinito
La era digital promete opciones infinitas —incluido el amor en aplicaciones— y un flujo inagotable de información (el famoso infinite scroll). Sin embargo, conexión no es comunidad: perdemos empatía y vínculos, y nos desplazamos de una adicción a otra. Queda un vacío que la pura libertad de elegir no logra colmar.
5) Cómo leer a Han desde su propio “mapa” conceptual
Aunque el discurso es breve, condensa la arquitectura de su obra: del cansancio a la transparencia, pasando por la psicopolítica y la crítica a la hipercomunicación. Su notoriedad no proviene de tecnofobia, sino de mostrar cómo el poder muta: del “debes” externo al “puedes” ilimitado que devuelve el látigo al propio sujeto.
Psicopolítica: del biopoder disciplinario al psicopoder, una dominación seductora que gobierna mediante motivación, datos y autooptimización, confundiendo explotación con autorrealización. (Definición general del giro hacia el “poder inteligente”).
Sociedad del cansancio: el rendimiento como mandato interno, la positividad tóxica del “sí se puede” convertida en fatiga estructural. (Panorama de su obra y nociones nucleares). Transparencia e hiperexposición: cuando todo debe mostrarse, el secreto y el pudor —nutrientes del vínculo y del pensamiento— se vuelven sospechosos; la vida se somete al régimen del “like”. (Ficha de su obra y temas).
Más allá de las etiquetas, Han lee el presente como una mutación del poder: la libertad, explotada, deviene el medio de gobierno. No hay big brother que prohíbe, sino una economía de la atención que seduce, mide y puntúa. La resistencia, entonces, exige otras prácticas: no “más libertad” en abstracto, sino otra relación con el tiempo, con los otros y con la técnica.
¿Te sientes “libre” pero agotado? Han pone el dedo en la llaga: rendimiento, hiperconexión y vacío. En este seminario: Byun-Chul Han: del cansancio a la vida contemplativa sobre Han de 10 sesiones vamos a leer y discutir sus ideas clave —Sociedad del cansancio, Psicopolítica, La expulsión de lo distinto, La agonía del Eros, La sociedad de la transparencia— para transformar ansiedad productiva en criterio, silencio fértil y vida contemplativa.
Incluye: acceso a grabaciones, material del curso, asesoría y constancia.
Inicia: lunes 23 de febrero de 2026, 5:00–7:00 pm (CDMX).
Modalidad: en línea, cupo limitado.
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Referencias
WMagazín. (24 de octubre de 2025). Byung–Chul Han: “Aunque creamos ser más libres, vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad”. (Texto del discurso y contextualización).
Sergio C. Fanjul. (24 de octubre de 2025). Byung-Chul Han, en los Premios Princesa de Asturias: “Nos hemos convertido en una herramienta del ‘smartphone’…”, El País. (Cobertura periodística del discurso)
